Frío

Puedo sentir el frío del desdichado que no tiene refugio. Las gotas de lluvia caen sobre él quitándole la mierda que lleva acumulada desde la última vez que tuvo la oportunidad de lavarse, borrando la esencia de su alma lentamente, esas gotas rojas que caen desde su pecho, empujadas por la inercia de unas nubes grises, tristes y cansadas de necesitar tanto consuelo.
Le veo, le miro, le siento.

Me apena, suspiro y tras pensarlo, finalmente camino. Quiero abrazarle, hacerle sentir que yo sí le entiendo, que no es importante lo que pase, ni lo que parezca, sino únicamente lo que él sienta. Que no es una estupidez sentir eso que le duele, ni tampoco es él el culpable de ello, por mucho que la gente se empeñe en creer lo que quiera sobre sus desgracias y sus necesidades, que los sentimientos van más allá de todo hecho y que las heridas del alma no curan solas.

Esos arañazos le hacen más daño que el invierno y que la falta de alimento. Se los voy a tapar con esparadrapo, para que no sangren más, para que se empiecen a recuperar…

Mientras me voy acercando, levanto mis manos, las tiendo hacia él, observo que al mismo tiempo está ofreciéndome las suyas de vuelta. Cuando intento cogerle de la mano, le veo la cara, él no es él, es el reflejo de mi espejo.
Entonces, me despierto muy asustado, el sudor frío ha empapado mi cuerpo…
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