Adonis Johnson Creed ¿El nuevo Rocky Balboa?

El fin de semana pasado llegó a las salas de cine españolas “Creed. La Leyenda de Rocky”, el spin off de la mundialmente conocida saga de Rocky, el boxeador de origen italiano creado e interpretado por Sylvester Stallone desde 1976.

Hace 10 años Stallone estrenaba la sexta parte de Rocky a la que llamó “Rocky Balboa” (2006) y con la que parecía que, por fin, tras 30 años y cinco películas a sus espaldas, iba a dar por finalizada la saga, pero no, aún quedaba otra… y con esta ya son siete. Si es que la cabra tira al monte, y como donde caben dos caben tres, donde caben seis caben siete. Y más, seguro.

En esta ocasión no ha sido Stallone el promotor de esta cinta, aunque sí se ha encargado de producirla. Del guión y de la dirección se ha encargado Ryan Coogler, un joven afroamericano de tan solo 29 años, que ya había llamado la atención con su ópera prima Fruitvale Station (2013). Esta cinta, tras debutar en el Festival de Sundance 2013, ganó el Gran Premio de Jurado y el Premio de Audiencia para “película drama estadounidense”, entre muchos otros.

En su segundo largometraje, Coogler sigue las líneas de la primera entrega de la saga, aquella que catapultó a la fama a Stallone. Antes de ir a ver la película ya había oído decir que se trataba de un remake en toda regla, y eso me hizo entrar condicionada a la sala de cine, esperándome lo peor. ¡Para nada fue así! Si bien es cierto que con Creed. La leyenda de Rocky’, Coogler establece un clarísimo paralelismo con la primera parte, lo cierto es que hay mucha diferencia entre ambas.

creed¿Pero qué podemos esperar? Desde luego, la séptima entrega no puede desvincularse por completo de las demás, y en este sentido, siguiendo la estela de un universo heredado, Coogler consigue ser altamente eficaz gracias al estilo personal con el que dota a su película. ‘Creed. La leyenda de Rocky no es una copia de las anteriores de Rocky, ni mucho menos. Es una película que consigue hacerse con una identidad y una esencia propias dentro de las siete películas que componen la saga. De hecho, en mi opinión, esta séptima entrega se coloca por delante de Rocky V y de Rocky Balboa

Parte del éxito de esta entrega consiste en que su director tiene muy claras las ideas que quiere transmitir. Sin duda ese es un factor esencial. Gracias a ello, consigue escribir –junto con Aaron Covington – un guión bastante bueno, combinando a la perfección las notas más ‘nostálgicas’ características de la saga (un joven quiere triunfar en el boxeo y acude a que le entrenen y tras una dura preparación  física y mental se enfrenta con el campeón de turno) con la introducción de nuevas ideas dramáticas. En definitiva, el guión consigue la fuerza necesaria para enganchar al espectador, tanto a aquel que no conocía o no había visto las películas de Rocky como al más fanático de la saga.

En este largometraje, el protagonista ya no es Rocky, si no Adonis Johnson Creed, el hijo de Apollo Creed. Apollo Creed ha sido, a lo largo de toda la saga de Rocky un personaje clave: fue el primer contrincante de Balboa, al que consiguió arrebatar el título de campeón de los pesos pesados en la segunda parte y al que se unió en la tercera para vencer al personaje interpretado por Mr.T. En la cuarta parte, Rocky vengó su muerte enfrentándose y venciendo al ruso Iván Drago.

Apollo tuvo un hijo fuera de su matrimonio y este es Adonis, que jamás conoció a su padre, pero que, a pesar de ello, siente correr el boxeo en sus venas. El peso dramático de la película recaerá sobre él durante la primera mitad del largometraje. Michael B. Jordan hace un trabajo notable en esta cinta (y más teniendo en cuenta que en ocasiones se me parece a Waldo Faldo de la serie Cosas de casa, y el hecho de que me lo tome en serio durante las dos horas de película tiene mucho mérito). Podremos ver cómo interpreta a un hombre insatisfecho con su vida, a la que dará esquinazo, dejando su trabajo y marchándose a Filadelfia, donde contactará con Rocky para que le entrene. Allí esconderá su identidad -hasta que no le quede más remedio que desvelarla- porque quiere labrarse una carrera propia al margen de ningún apellido, y conocerá a una joven llamada Bianca (Tessa Thompson) que le será de gran apoyo a la hora de conseguir sus objetivos.

(*Nota mental: ¿Es necesario que en todas las películas de la saga tenga que haber una chica de por medio, que se encargue de ir a ver al boxeador al ring y a poner caras de “Oh Dios mío, lo van a matar” cada vez que este se lleva un golpe?)

creed

Rocky se negará al principio, afirmando que está retirado desde hace mucho tiempo ya, pero finalmente aceptará (aunque eso ya se sabe, si no no habría argumento para la película ). Y es en este momento en que Rocky entra a escena cuando se reparte la carga dramática entre ambos: Cada uno con lo suyo, los dos se necesitan y ambos, con sus respectivos problemas son completamente necesarios para hacer de la película lo que es. ¿Y qué es? En mi opinión, un emotivo acierto, con tintes paterno – filiales y cierto toque de humor que combina sabiamente todo tipo de luchas; desde las más físicas (las peleas de boxeo son tremendas) hasta las luchas más internas por las que cada personaje tiene que pasar. Rocky y Creed sellarán una especie de acuerdo para ayudarse mutuamente en estas luchas.

De la interpretación de Sylvester Stallone diré que es lo bastantemente buena como para conmover.  Ya se llevó el Globo de Oro en la edición pasada por este trabajo y ahora aspira a conseguir el Oscar. Pero creo que no lo tiene fácil, la verdad. No porque sea malo actuando, sino porque los actores contra los que compite son tremendamente buenos.

Y digo que su interpretación me conmueve no sé muy bien si es porque soy un poco nostálgica y le tengo cariño de tanto verle como Rocky, si es por la situación que vive el personaje en la cinta, por la transformación que sufre a lo largo de ella o la vulnerabilidad con la que se muestra, pero así es. Sea como sea su trabajo resulta efectivo, logrando transmitir la decadencia, el ocaso de un hombre que, en otro tiempo, fue un héroe mundial.

Es duro ver cómo el que fuera el gran Rocky hace más de tres décadas queda relegado ahora a un “segundo plano”. Y digo segundo, entre comillas, porque para mí sigue siendo el protagonista de esta historia. Pero, a raíz de esta película, se abren las opciones a más secuelas y es posible que él ya no esté en ellas. Supongo que es ley de vida, pero sin duda es digno de mención que Stallone haya aceptado co-protagonizar y producir este filme sabiendo que dejaría así su creación más preciada -Rocky, el potro italiano- en una situación que él, a partir de ahora, ya no podrá controlar. Y por eso, quizá se merece todos mis respetos y admiraciones, aunque la verdad es que ya los tenía desde hace mucho tiempo.

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