“El Olivo”: podrán arrancar sus raíces, pero jamás conseguirán borrarlas

Hacía ya un par de años, desde que rodara el documental En tierra extraña, que no teníamos noticias de Icíar Bollaín. Sin embargo la realizadora madrileña está de vuelta y nos trae consigo su nuevo trabajo de ficción El Olivo, disponible en cines a partir del próximo 6 de mayo.

Bollaín ya había tratado antes el tema de la crisis en su documental de 2014 En tierra extraña y en esta ocasión, con El Olivo, vuelve a utilizar este tema para establecer el telón de fondo de una emotiva historia que se compone como una metáfora de la vida misma y es que, al igual que un árbol se marchita y muere si le arrancas las raíces (da igual qué tipo de árbol sea), lo mismo pasa con una persona cuando le arrebatas sus raíces, aquello que más quiere (ya sea un árbol, un perro o una silla).

La crisis nos ha afectado en mayor o menos medida a todos y la familia de Alma (Anna CastilloPromoción Fantasma) no ha salido tampoco ilesa. Su ‘yayo’ (el debutante Manuel Cucala) está enfermo de lo que parece ser demencia senil, ha dejado de hablar desde que sus hijos, agobiados por la crisis en 2008, le forzaran a vender su posesión más preciada: un espectacular olivo milenario que le ha acompañado durante toda su vida. A pesar de que ya no está, no ha olvidado el lugar donde se encontraba su árbol y va allí a menudo en lo que sus hijos creen que es un intento molesto de llamar la atención. Sin embargo, Alma, que es la persona en el mundo que más le quiere, sabe que su abuelo necesita tener a su lado ese olivo más que el comer, a lo que el yayo ha empezado también a negarse.

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A través del recurso del flashback, el espectador asiste un par de veces a momentos muy íntimos y cálidos protagonizados por un yayo aún lúcido y su nieta Alma. Mientras vemos cómo ella le pinta las uñas y los labios a la vez que charlan animadamente, somos conscientes del fuerte vínculo emocional que les une. Pero en la actualidad del año 2016 las cosas ya no son tan bonitas para esta joven de 20 años, cuya salud emocional (padece ansiedad y tricotilomanía) se ha visto bastante afectada desde que la persona más importante para ella, su abuelo, enfermase a raíz de que se llevaran su olivo.

En esta familia, además, la comunicación brilla por su ausencia. Alma verá en su padre la figura de un completo desconocido que no hizo absolutamente nada cuando más necesitaba su ayuda. En este sentido, su tío (Javier Gutiérrez, ganador del Goya por La isla mínima, 2014) representa un puente, un punto medio entre la tiranía del padre y su sobrina Alma, a la que quiere con locura y por la que está dispuesto a todo.

Esta chica está harta de ver cómo su abuelo se pudre de tristeza y nadie hace nada para evitarlo, así que, con la ayuda de sus dos amigas, se pondrá a investigar dónde se encuentra el olivo y descubrirá que se lo han llevado a Düsseldorf. Sin decir la verdad, sin un plan, y sin apenas dinero, Alma embarcará a su tío y a su compañero de trabajo Rafa (el televisivo Pep Ambrós) y al final a todo un pueblo alemán, en una misión imposible: recuperar el monumental olivo y traerlo de vuelta a la masía familiar.

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La interpretación de Javier Gutierrez vuelve a ser magistral. Desde su monólogo sobre las mentiras, que acaba con el robo de una mini Estatua de la Libertad, hasta el momento en el que explota por completo y se lía a martillazos con la estatua, está brillante y se convierte en el principal reclamo humorístico de la cinta, encajando a la perfección esa faceta dentro de lo que es el drama en sí.

Con un guión de Paul Laverty (la pareja de Bollaín, que suele trabajar mucho con el director inglés Ken Loach) esta película se convierte en todo un canto al amor, la ayuda desinteresada, la esperanza y el inconformismo y es que nunca hay que dar nada por perdido. Por otra parte lanza otro mensaje muy importante y es el de, en palabras de Bollaín, “cuidar tu comunidad, cuidar tu patrimonio, tu paisaje… cuidarte, en definitiva, porque tu paisaje eres tú“. La película también tiene su parte de crítica y denuncia hacia un sistema hipócrita que tira la piedra y esconde la mano, que hace una cosa y muestra al mundo otra muy diferente.

Bollaín tiene películas y películas, pero yo creo que esta sí merece la pena.


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