“Tribunal”, el vodevil de la comedia humana y el desvarío legislativo llevados al grado máximo de la pantomima

El próximo viernes, 11 de marzo, llega a las pantallas españolas Tribunal, ópera prima del realizador indio Chaltanya Tamhane y uno de los filmes mas inmerecidamente ignorados en el panorama cinematográfico actual. A pesar de lo reducido de su promoción y lo infinitamente alejado que está del fenómeno ‘mainstream’, Tribunal ha sido galardonado con mas de 20 premios internacionales entre los cuales se pueden contar su candidatura a los Oscars 2016 como Mejor Película de Habla No Inglesa, Mejor Película en La Mostra de Venezia (“Sección de Horizontes”) o el premio FIPRESCI de la Viennale.

Crítica de JOSÉ VICENTE PÉREZ GIRÓN

Tribunal nos relata la historia de Narayan Kamble, un activista político, poeta y cantante denominado cariñosamente como “El poeta del pueblo” cuyas radicales letras han incitado al suicidio a un trabajador. Este hecho le abocará a una dura odisea en forma de juicio esperpéntico, el cual hundirá su raíz en una arcaica legislación y la mas estricta injusticia socio-económica de la India. Dejando de lado el carácter individual del aparente protagonista, Tribunal es un fresco moderno capaz de retratar maravillosamente la contradictoria sociedad hindú del siglo XXI. Apartamentos de estilística escandinava, coches de gama, ordenadores Apple, complejos turísticos y mujeres aparentemente emancipadas conviven simultáneamente con chabolas, arrabales, vagones de metro repletos y mujeres esculpidas por el molde del más conservador patriarcado. Según se concatenan los eventos del juicio, no solo la vida privada de Narayan sino también la de todos los implicados en el proceso se revelarán como perspectivas individuales capaces de integrar la realidad global de la obsoleta sociedad hindú.

tribunalSi algo se debe alabar de la arriesgada propuesta de Tribunal es el sobrehumano esfuerzo ejercido desde los tres años que pasaron desde su definitiva gestación hasta su proyección en el circuito de festivales. Diseñado como ejercicio post-realista, pero con el espíritu del neo-rrealismo de Vitorio de Sica o Roberto Rosellini muy vivo, su ajustadísimo presupuesto se equilibra a la perfección con un guión agudo, irónico e inteligente lustrado por actores profesionales inexpertos y actores no profesionales que aportan verismo sin denotar amateurismo ramplón.

A primera vista Tribunal se podría encuadrar en los llamados dramas de juzgado. Sin embargo, esta claro que Tribunal no encaja en el canon de filmes modélicos como Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957) o Testigo de Cargo (Billy Wilder, 1957) y mucho menos por clásicos contemporáneos como JFK (Oliver Stone, 1991) o El Dilema (Michael Mann, 1999). Debido a lo valiente de su propuesta visual, al exceso de rigor en ausencia de rigidez técnica  y a la mezcolanza de géneros empleados, Tribunal es una criatura difícil de catalogar,  conteniendo un poquito y mucho de drama, un mucho y poquito de ironía y unos buenos puñaditos de retrato social. Debido a las varias situaciones surrealistas exhibidas en el proceso, Tribunal podría hermanarse con filmes centrados en ridículos pleitos defendidos en el estrado, véase la negación de la teoría de Darwin en La herencia del viento (Stanley Kramer, 1960) , lo crudo de la justicia dentro del ambiente rural franquista en El crimen de Cuenca (Pilar Miro, 1980), la culpa existencial de El proceso (Orson Welles, 1962) o incluso la condena social exigida para una madre por asesinar a su hijo cuando realmente se lo llevó un dingo en Un grito en la oscuridad (Fred Schepisi, 1988).

tribu

En definitiva, Tribunal es una película que no llamará la atención del público masivo, pero si será un aire fresco para los valedores del humor negro socio-político, la ironía, la reflexión y sobretodo para todos los espectadores exigentes del séptimo arte. Es importante tener en cuenta que la superficie de la historia de Tribunal es una estrambótica acusación, pero que no por más estrambótica es un hecho menos real. Esto sucede, y sucede ahora. Y es que que la realidad humana siempre es mas surrealista que cualquier obra de ficción. La ficción no puede ser dañina, ya sea una película ultraviolenta, una canción radical o un espectáculo de marionetas, pero sí lo es la disparatada naturaleza humana. Y sino que se lo digan al chaval que mato a un compañero de clase tras la exhibición de La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) en la Inglaterra del 72. Para mas inri, el retrato de la absurdez humana, lejos de centrarse en la esfera individual, alcanza el fenómeno viral de la estupidez universal. Desde luego nuestro país no es la India, pero lamentablemente no podemos dejar de esgrimir, la injusticia social, la falta de expresión o la corrupción política como valores hegemónicos de la cada vez mas fracturada sociedad española actual. Desde luego si te entretiene la comedia humana ésta es tu película.

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